Drácula: la evolución de un mito (II)

Continúo con el especial de Halloween de Drácula. En la primera parte comenté un poco cuál era fue el origen del mito vampírico y cómo lo representó Bram Stoker en su novela. En la entrega de hoy, me centro en la primera versión cinematográfica (que se conserve) de la novela, una versión apócrifa que incluso fue condenada por plagio, Nosferatu.

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La sinfonía de horror de Murnau

Uno de los máximos exponentes del cine expresionista alemán es El gabinete del doctor Caligari (1920), una película que cuenta la historia de un malvado feriante que utiliza a un sonámbulo para asesinar en una pequeña localidad alemana. Su director F.W. Murnau filmó el primer plot twist de la historia del cine, un “WTF” tremendo, como en el Sexto sentido o Shutter Island.

Aun así, a pesar de sus innovaciones estéticas y formales, no influyó directamente en el cine alemán posterior, aunque a niveles temáticos sí logro crear escuela. Entre 1920 y 1924, numerosas películas alemanas retomaron el tema del filme de Robert Wiene: la confrontación del alma entre la tiranía o el caos. Surgiendo dos vertientes temáticas entre los directores de la época, aquellos que se centraban en la figura de un tirano y los que se recreaban en el caos de la sociedad.

 

A diferencia de lo que se podría pensar, el grupo especializado en el retrato de los tiranos no intentaba reflejar las posibles consecuencias de un comportamiento de ese tipo, no se adoptaba una posición moralizante, sino que se recreaba en los detalles de sus maldades y sufrimientos.

“¿Estaba enardecida su imaginación por temor al bolchevismo? ¿O apelaban a esas visiones espantosas para exteriorizar ansias que ellos creían les eran propias y ahora amenazaban con dominarlos?”

KRACAUER, 1985: 78.

Una de las películas de este grupo, el de los tiranos, es Nosferatu, una sinfonía del horror (1921) de Friedrich Wilhem Murnau. Uno de los filmes claves del cine expresionista y la película que inauguró la moda de los vampiros en el cine.

Esta no es la única película de la que se tiene constancia, pero sí la única conservada (si acaso se llegaron a estrenar las otras). Hubo un proyecto en la antigua Unión Soviética llamado Drácula, pero no hay pruebas de su realización. Igualmente, se conoce la existencia de otra película de 1921 realizada en Hungría y titulada Drákula del director Károly Latjthay, pero que se encuentra desaparecida.

Nosferatu está basada en la novela de Bram Stoker aunque con notables cambios, no tanto en la trama como en el sentido de la historia. A pesar de todas las modificaciones que había en el guion de Henrik Galeen, la viuda del escritor inglés denunció al filme por plagio, y un tribunal ordenó la quema de todas las copias de la película. Solamente se salvaron las que llegaron a manos de unos pocos coleccionistas. Durante años, incluso, su reproducción estuvo prohibida en cualquier cine. Su aura de obra prohibida indudablemente ayudó a su éxito y reconocimiento posteriores.

nosferatu_pilladoEl vampiro, llamado indistintamente Conde Orlok o Nosferatu, interpretado por Max Schreck, es un ser monstruoso y salvaje de orejas puntiagudas, rostro deformado de roedor y enormes garras que lleva consigo la peste a los lugares que visita. Es la parte grotesca y animal del vampiro, una fuerza de horror pura, que se ve intensificada por la estética expresionista. El Conde no posee carga sexual alguna, apenas si conserva retazos de forma humana, es simplemente un monstruo, la encarnación del Mal absoluto.

La gran diferencia estética existente entre la película de Wiene y la de Murnau puede llevar a pensar que esta última no pertenece al movimiento expresionista. La intencionalidad realista con que Murnau quiso impregnar a su obra se opone totalmente a los presupuestos de un movimiento que buscaba expresar los sentimientos del autor por medio de recursos como la deformación y exageración de las formas, esto es, mediante la subjetividad. Pero los sentimientos de terror, oscuridad e inquietud y la estética en los momentos más terroríficos enlazan a Nosferatu con el Expresionismo. Murnau empleó sabiamente los elementos expresionistas para realzar el horror.

El argumento del filme guarda muchas semejanzas con Drácula de Stoker. El Conde Orlok quiere comprar una propiedad en Bremen y así mudarse de su castillo de Transilvania. Para ello contacta con un comerciante de inmuebles que envía a su empleado recién casado, Hutter. En el viaje, tras despedir a su angustiada esposa Ellen, NosfeMinaes testigo de extraños sucesos – caballos huidizos, lobos y pájaros asustados— y atraviesa bosques lóbregos y fantasmagóricos antes de llegar al castillo de Nosferatu. Allí es atacado por el vampiro mientras duerme. Momento en que Ellen despierta a kilómetros de distancia aterrada por el peligro que corre su marido y logra asustar al Conde, como si estuvieran conectados telepáticamente gracias a la fuerza del amor. Este aspecto es de gran importancia en la película y la desvincula radicalmente de la novela original.

Entonces los acontecimientos se suceden con velocidad. Hutter logra huir del castillo, pero cae enfermo y tarda un tiempo en volver a Bremen, mientras, Nosferatu embarca y viaja hasta su nueva propiedad. Dondequiera que aparezca, corretean ratas y la gente cae muerta por docenas, víctimas de una misteriosa peste.

Ellen, tras la vuelta de Hutter, lee en un libro de vampiros que la única manera de acabar con Nosferatu es que una mujer libre de pecado se entregue a él voluntariamente para que beba su sangre y se entretenga hasta el canto del gallo. Así sucede, y el Conde Orlok desaparece, convertido en cenizas humeantes, cuando es tocado por los rayos de sol. El sacrificio supremo del amor logra acabar con el horror del vampiro. La belleza contra la fealdad. La luz contra la oscuridad.

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Esta oposición entre el bien y el mal es muy habitual en las películas de Murnau —Der Januskopf (1920), Amanecer (1927) o Tabú (1931)—, pero aquí logra su representación más lograda.

Es significativo que el vampiro, como agente propagador de la peste, no amenaza solamente al entorno más cercano de los protagonistas, sino que extiende su maligna influencia a toda la ciudad, a toda una sociedad. En un mundo en caos tras la Primera Guerra Mundial y que se veía abocado sin remedio a un conflicto previsiblemente aún más terrible podemos entender Nosferatu como la proyección del terror que inundaba el inconsciente colectivo de la época.

La película también juega visualmente con esta oposición. Las escenas más expresionistas se dan en los momentos de mayor tensión o cuando prevalece el poder de Nosferatu, la fuerza maligna. El decorado y los fondos contribuyen, mediante el tratamiento de cámara, a deformar las escenas. Y a diferencia de como ocurre en El Gabinete del Doctor Caligari en donde encontramos ángulos extraños y a un malvado doctor Caligari que atraviesa la pantalla de manera diagonal, Murnau prefiere eliminar el espacio tras las figuras mediante fondos planos y de tonalidades muy contrastadas. Los personajes se recortan contra paredes blancas desprovistas de cualquier elemento decorativo que alivie la tensión como cuando observamos por primera vez al Conde Orlok en su forma de Nosferatu o cuando al final sube las escaleras que conducen al cuarto de Ellen y solo vemos su negra sombra sobre una pared blanca. La sombra del vampiro, además, es utilizada en varios momentos a lo largo de todo el filme como no podía ser de otra manera al tratarse Nosferatu de un representante de la oscuridad. Este efecto no sería reutilizado hasta Son of Dracula (1943), la segunda secuela del Drácula de la Universal.

Otros recursos de los que se valió Murnau para acentuar el aspecto terrorífico de la cinta son, por ejemplo, la utilización de película en negativo para crear un bosque fantasmagórico como alegoría de la entrada de Hutter al mundo de la oscuridad o el empleo de la técnica one-turn-one-picture (sucesión de fotos que, reproducidas sucesivamente, dan a los objetos la apariencia de moverse solos) para el movimiento del carruaje del vampiro y para resaltar sus poderes sobrenaturales.

Tras esta “primera” incursión cinematográfica, el personaje de Bram Stoker no reaparecería en pantalla hasta 1931, pero antes se estrenaría una película bastante interesante sobre vampiros. La magistral (o soporífera, dependiendo a quién preguntes) Vampyr (1930) de Carl Dreyer, basada a grandes rasgos en Carmilla, narra el enfrentamiento metafórico entre la luz y la oscuridad. Este film ha sido considerado el cénit de la estética expresionista, aunque ya no forme parte de este movimiento, y supone la frontera entre este horror y el que empezaba a surgir en Norteamérica.

 

En la próxima entrega, escribiré sobre la versión cinematográfica protagonizada por Bela Lugosi, el Drácula más clásico de todos.

 


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KRACAUER, Sigfried (1985). De Caligari a Hitler. Barcelona: Paidós.
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RUBIO GÓMEZ, Salvador (2005). “Nosferatu y Murnau: Las influencias pictóricas”. Anales de Historia del Arte, Nº 15, 297—315.
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