Relatos cortos candidatos al Nebula 2016 (II)

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Continuamos con las reseñas del resto de relatos cortos candidatos al premio Nebula 2016. Entre ellos mi favorito personal y el que más probabilidades tiene de ganar este año. ¿Quieres decubrir cuáles son? Pues sigue leyendo.

      Antes de continuiar recuerdo que las reseñas contienen spoilers y desvelan algunos de los giros más importantes de las tramas. Así que si quieres leer antes los relatos, puedes hacerlo siguiendo los enlaces al principio de cada reseña, puesto que están todos disponibles gratuitamente en Internet.

       Sin más preámbulos, comencemos.

Sabbath Wine de Barbara Krasnoff (en Clockwork Phoenix 5, Mythic Delirium)

Portada de Clockwork Phoenix 5 por Paula Arwen Owen

         Nos encontramos ante un relato sencillo y no demasiado original, pero muy bien escrito. Narra la historia de una niña judía, Malka, que quiere enseñar cómo son las celebraciones de su religión a un niño de raza negra, David. Para ello Malka le pide a su padre celebrar el Sabbath, pero no tienen vino Kosher y eso a principios del siglo veinte, tras la aprobación de la Ley Volstead, es un pequeño inconveniente.

       La búsqueda de una botella de vino es el eje que vertebra todo el relato, ofreciéndonos una panorámica de la situación social del momento. Aunque el padre de Malka, Abe, es un judío no practicante, contrario a las antiguas tradiciones, decide embarcarse en esta búsqueda para complacer a su hija. Al final de la historia comprobaremos que esa decisión contiene una gran carga emocional.

            Abe acabará comprando el vino al padre de David, que trafica con él desde la tienda que regenta. Esta escena es el momento más potente de la obra debido no solo a la tensión racial que se palpa sino a que la autora comienza a preparar ya la revelación final, que los hijos llevan muertos mucho tiempo. Muy El sexto sentido.

             El relato acaba con la conversación entre estos dos hombres tan diferentes sobre la muerte de sus hijos: Malka, en un pogromo en Ucrania y David, en un linchamiento simplemente por ser negro.

              Las pistas sobre esta revelación son abundantes a lo largo de todo el texto: desde la confesión de David sobre que su padre le ha dicho que está muerto, hasta las referencias (extrañas en un principio) de los escondites en la sinagoga o que ningún otro personaje salvo los padres hablen o siquiera vean a los niños.

              El giro final puede estar ya muy trillado, pero la forma en la que Barbara Krasnoff desarrolla la historia, centrándose en Abe, el verdadero protagonista, logra que la sorpresa emocione igualmente al lector.

               Más allá del (esperable) final, la historia logra transmitir con fuerza la nostalgia y el dolor por la pérdida de un ser querido. También retrata con bastante buen hacer las tensiones raciales y religiosas entre las personas. A pesar de transcurrir en los años veinte, el tema no puede ser más actual.

Seasons of Glass and Iron de Amal El-Mohtar (en The Starlight Wood, Saga Press)

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Portada de Uncanny Magazine 13 por Julie Dillon

            Érase una vez tres hermanas, hijas de un rey, a las que les fue revelado su futuro. La mayor se casaría con un príncipe del este, la mediana, con un príncipe del oeste y la más pequeña, con un cerdo. Aquello la entristeció sobremanera, pero cuando su padre le ordenó casarse con un hombre convertido en puerco porque así se rompería la maldición no pudo negarse. Y ciertamente, durante las noches el horrendo animal se transformaba en un hombre. Para curarme, le dijo, deberás llevar unos zapatos de hierro. Cuando desgastes tres (o siete, el número varía) pares, me encontrarás y la maldición desaparecerá. Así lo hizo la princesa, y su marido vivió el resto de los días como el príncipe que en realidad era gracias al amor y sufrimiento de su esposa.

            Érase una vez una princesa que vivía en lo alto de una montaña de cristal. Su padre la había colocado allí para que el caballero que consiguiera llegar hasta ella fuera merecedor de su mano. Al final uno lo logró, se casaron y vivieron felices. Al menos él.

            En estos dos cuentos de hadas se basa el relato de Amal El-Mohtar, aunque desvirtuados y alejados de su mensaje machista. En Seasons of Glass and Iron conocemos a Tabitha, una chica casada con un hombre violento trasformado en oso al que podrá curar (apaciguar, más bien) si desgasta caminando siete pares de zapatos de hierro. El mensaje que transmite su tarea es el de que, si aguanta el sufrimiento, tal vez, su marido deje de ser una bestia.

            Tabitha, cuando lleva ya gastados la mitad de los zapatos, llega hasta una montaña de cristal. Logra escalarla y en la cima encuentra a Amira, sentada en un trono de cristal sin poder moverse y exhibiendo su belleza como un trofeo. Al igual que en el cuento popular, si un caballero logra subir se podrá casar con ella, implicando que el caballero puede lograr a la princesa por mucho que ella se resista. Amira, sin embargo, no quiere a ningún hombre.

            Durante días presenciamos las conversaciones de estas dos chicas. Hasta que al final logran convencerse la una a la otra de que mediante el sufrimiento jamás serán felices. Que merece la pena enfrentarse a las imposiciones sociales y culturales y buscar su propio lugar en el mundo. Que no necesitan un hombre a su lado para estar completas.

Our Talons Can Crush Galaxies de Brooke Bolander (Uncanny n.º 13, noviembre 2016)

 This is not the story of how he killed me, thank fuck.

            Antes de empezar elige una serie policiaca de televisión: CSI, Castle, Bones, Ley y orden, Mentes criminales… No importa cuál. Ahora piensa en cuántas de las historias que cuentan aparece una mujer asesinada, una víctima a partir de la cual se vertebra toda la investigación del episodio. ¿Cuántas mujeres aparecen en los congeladores del desierto de Nevada? Y estas historias no suelen centrarse en las víctimas, sino en los criminales o en los investigadores. Si el foco se pone también en la mujer muerta (Twin Peaks, The Killing) siempre suele ser para revelar que en el fondo no era trigo limpio.

          Esos personajes femeninos están construidos para morir, es lo que se llama el síndrome de la mujer en la nevera y es un cliché. No es algo malo per se, pero como todos los clichés, si se quiere realizar una historia original, mejor evitarlos todo lo posible. Si quieres un breve resumen de este tema puedes leer este artículo de Concepción Perea.

         ¿Qué tiene que ver todo este rollo con el relato? Pues que Brooke Bolander arremete contra todas esas historias. Nos cuenta una en la que asesinan a una mujer, pero en la que se niega a describir el crimen y la infancia del asesino, el foco está puesto sobre la víctima. Tiene la ventaja de que se trata de un ser alado inmortal por lo que regresa a la tierra junto con sus hermanas para vengarse.

          La trama es bastante simple, pero el formato le da un toque muy original. Comienza con un breve repaso a los clichés típicos de las historias que hemos hablado antes para explicar qué es lo que no va a contar en su relato. Luego realiza una lista de los datos que va a dar al lector: los antecedentes del asesinato y la posterior venganza. Termina con un párrafo muy potente.

Heroes get names; killers get names; victims get close–ups of their opened ribcages mid–autopsy, the bloodied stumps where their wings once attached, baffled coroners making baffled phone calls to even more baffled curators at local museums. They get dissected, they get discussed, but they don’t get names or stories the audience remembers.

           Todo el relato destila fuerza y rabia. Es muy pasional. El lenguaje de Brooke Bolander es sencillo, directo, coloquial, lleno de palabrotas para potenciar el mensaje. Un mensaje que se enfatiza aún más al establecer desde el principio una conversación con el lector: That’s all you get, and that’s me being generous. You’re fuckin’ welcome.

The important thing is always the stories—which ones get told, which ones get co–opted, which ones get left in a ditch, overlooked and neglected. This is my story, not his.

Things With Beards de Sam J. Miller (Clarkesworld n.º 117, junio 2016)

Things

Portada de Clarkesworld 117 por Vincent Laïk

         El relato de Sam Miller es una secuela no oficial de la película La cosa de 1982 del director John Carpenter. Aquella en la que los trabajadores de unas instalaciones científicas en la Antártida se tenían que enfrentar a una criatura venida del espacio con la capacidad de tomar la apariencia de sus víctimas. Un clásico del terror que se vehicula alrededor de la idea de que el mal acecha entre nosotros y que, además, es capaz de pasar desapercibido. Things With Beards lleva esa idea al extremo, enlazándola con el concepto de “el otro”.

            La película original AVISO DE SPOILERS termina con MacReady y Childs en la nieve, después de prender fuego a todas las instalaciones. No se sabe si alguno de ellos está infectado por la criatura. Nosotros como espectadores tampoco. Childs apunta con un lanzallamas a un malherido MacReady, dispuesto a disparar si es necesario. Los créditos empiezan antes de que tome una decisión.

            Sam Miller retoma la historia tras el regreso de MacReady a Nueva York. Por alguna razón, solamente recuerda fragmentos de lo sucedido en McMurdo, nada sobre los incidentes que allí sucedieron. También es consciente de que tiene lagunas de memoria mucho más recientes. Al poco, comienza a sospechar que se transforma en otra persona, en otra cosa, y que comete monstruosidades. Los lectores saben toda la verdad: MacReady no es MacReady. Aquella cosa lo mató y tomó su cuerpo y su mente. Él es él la mayor parte del tiempo, pero cuando no hay ningún peligro cerca, la criatura toma el control e infecta a más personas, propagándose como un virus.

             Además de todo esto, el autor añade algunos elementos que dan una mayor profundidad a la historia. Descubrimos que MacReady es gay. Toda esa actitud de tío duro solo es una fachada. Estamos en los años ochenta y él no ve más remedio que ocultar su verdadera orientación sexual. Miller realiza un paralelismo entre el monstruo interior y la homosexualidad. Puede llevar a malinterpretaciones: ¿el autor está diciendo que ser gay es una monstruosidad? Así lo han visto algunos lectores, según leí en algunas webs, pero siendo el escritor también homosexual no parece muy probable. Simplemente equipara estas dos condiciones con el peligro que el personaje pudiera correr si se descubriera alguna de las dos, recordemos que es 1983.

           Beards were camouflage. A costume. […]The tough-guy act, the cowboy he became in uncertain situations. Same way in juvie; in lock-up. Same way in Vietnam. Hard, mean, masculine. Hard drinking; woman hating. Queer? Psssh. He hid so many things, buried them deep, because if men knew what he really was, he’d be in danger. When they learned he wasn’t one of them, they would want to destroy him.

          El protagonista además está involucrado en el movimiento civil por los derechos de los afroamericanos. En un grupo, en el que también está su novio, que pretende realizar un atentado contra la policía. Toda esta trama no está muy desarrollada y, como consecuencia, el final pierde algo de fuerza. Además el protagonista, recordemos que mientras la cosa no lo controla él es dueño de sus actos y pensamientos, acepta sin muchos remordimientos ayudar en el ataque. “La madurez significa hacer la paz con los monstruos en nuestro interior”, se justifica.

           Aun así, la parte terrorista le sirve a Sam Miller para realizar algunos paralelismos bastante interesantes y que ayudan a reforzar las diferentes tramas. Por ejemplo, durante una reunión con otros miembros del grupo clandestino, MacReady se pregunta si alguno de ellos es un policía encubierto y si se siente aislado, inmerso en una mentira, reflejando así sus propios miedos y sentimientos.

MacReady wonders how many of them are cops. […] Infiltrators tended to be isolated, immersed in the lie they were living, reporting only to one person, whom they might never meet.

         Si no parecía suficiente, el autor añade a la mezcla el sida, que empezaba a expandirse en aquellos años. El novio de MacReady, al final del relato, es diagnosticado con la enfermedad. Otro monstruo en el interior del cuerpo.

          Para resumir, el relato una y otra vez hace hincapié en los monstruos que pueden esconder las personas. El mal, en forma de racismo, homofobia y todo tipo de odios y prejuicios, ya no solo se esconde entre nosotros, como clamaba la película de John Carpenter sino que puede residir incluso en las buenas personas.

The whole room laughs. His father laughs. MacReady slips upstairs unnoticed. Laments, in silence, the horror of human hatred—how such marvelous people, whom he loves so dearly, contain such monstrosity inside of them.

Personalmente, no es mi relato favorito ni pienso que vaya a ganar el premio, la competencia es muy dura. Pero Sam J. Miller es un buen narrador que es capaz de crear una historia interesante y con gran carga social. No hay que perderle de vista.

             

Our Talons Can Crush Galaxies se postula como uno de los favoritos para ganar el premio, pero tiene unos rivales bastante duros. En mi opinión el relato de Alyssa Wong es el que más se lo merece, aunque habiendo ganado ya el pasado año lo tiene un poco complicado. Mi favorito es Seasons of Glass and Iron. En todo caso, mañana saldremos de dudas.

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